Crónica La Raposera 08/11/2014

ATRAS

Crónica La Raposera 08/11/2014

Cambiábamos el lugar habitual de reunión para darnos cita en Malpartida de Cáceres, después de las tradicionales migas con huevo, comenzábamos el sorteo todavía con los comentarios del buen fin de semana pasado, una vez sorteado todas las posturas nos dirigimos a la finca.

Nada más llegar como teníamos que confirmar que estaban todos colocados antes de entrar las traviesas hicimos parada en el cortijo, donde ya empezamos a escuchar las primeras detonaciones, habíamos estado visitando la finca y los comederos el día anterior y la densidad de reses era magnífica con tres venados muy bonitos, uno de ellos para medir, por lo que la ilusión era grande.

Una vez colocadas las traviesas se dio suelta a las rehalas que como el tiempo acompañaba más que en jornadas anteriores hicieron un gran trabajo, los disparos se sucedían casi sin tregua, contabilizando nuestro amigo Faria 214 disparos, para un resultado en la junta de carnes de 15 venados, 10 cochinos (1Bronce) y 24 ciervas que estaban autorizadas y que debían haber sido más pues había muchas en la finca, pero como siempre en el grupo queremos hacer gestión y anteponemos la caza al mercantilismo por no aprovecharnos del buen precio de la carne, resultado que no nos deja muy satisfechos pues se falló mucha caza y a pesar de que todos los monteros estaban contentos, pues casi todos habían tirado, nuestro esfuerzo de todos los meses anteriores no se vió recompensado con más trofeos, pero como siempre decimos la caza en abierto es así.

Destacar por supuesto el puesto de Juan Manuel Ponce con el cochino que ya homologado ha dado bronce, curioso puesto que en los últimos cuatro años, ha dado 2 platas y 2 bronces, el de Enrique que en un llano le entraron una piara de 8 cochinos y logró quedarse con 2, el de Nacho Montero que abatió un buen navajero y una cochina y el de Julio Fernández con un buen trofeo de venado.

Lástima que al finalizar la montería, comenzara a llover de manera intensa lo que hizo que se deslucieran las fotografías de rigor con los trofeos y la animada conversación de todas las tardes, pues a pesar del cobijo de las instalaciones de la finca, no estaba la tarde para muchas fiestas, por lo que después de un suculento cocido que nos calentaba el estómago, la mayoría de los monteros se dirigió hacia otros lares, para quedarnos prácticamente un puñado de amigos con la propiedad tomando copas y comentando la jornada, retirándonos pronto pues al día siguiente volvíamos a montear.

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